Día con día, organizaciones indígenas, organizaciones no gubernamentales, antropólogos, lingüistas, educadores y políticos, entre muchas otras personas e instituciones, dan cuenta de los procesos de retraimiento, cambio y desaparición que atraviesan las lenguas indígenas del continente americano debido a su contacto con las lenguas colonizadoras, también consideradas “oficiales” (español, inglés y portugués). A pesar de presentar diferencias ideológicas, teóricas y metodológicas, y de abordar problemáticas de distintas lenguas en el mundo, la mayoría de estos especialistas coinciden en señalar a un conjunto específico de variables sociales como reguladoras de las condiciones de interacción y cambio lingüístico; así también, se les responsabiliza del abandono de ciertas lenguas en beneficio de otras. Tales variables son: transiciones económicas y sociohistóricas, movimientos migratorios de ámbitos rurales a urbanos, falta de dispositivos estatales, como las políticas educativas y lingüísticas bilingües, interrupción en la transmisión intergeneracional de las lenguas entre padres e hijos, escasa cantidad de hablantes, rechazo a identificaciones con grupos estigmatizados, invisibilidad de algunas lenguas en los medios masivos de comunicación, así como el estatus marginal de algunas lenguas y, consecuentemente, de sus hablantes.
Es importante señalar que el fenómeno de contacto entre lenguas no es reciente sino que data desde siempre, pues los diversos enclaves humanos han estado en contacto entre sí por amistades o enemistades, por guerras o alianzas sociales, económicas o políticas. El contacto entre diversos grupos hablantes de distintas lenguas ha presupuesto la necesidad de apelar a formas de intercambio que hagan viable la comunicación y el entendimiento mutuo; por ello, nos atrevemos a decir que este fenómeno es tan antiguo como la humanidad misma. Más aún, si revisamos las interrelaciones lingüísticas a través de una dimensión temporal, podemos ver una multiplicidad de opciones: lenguas que se mezclan hasta dar origen a nuevas lenguas; lenguas que toman prestados términos de otras; lenguas que conviven tras distintos tipos de bilingüismos o multilingüismos, y lenguas que desplazan y reemplazan a otras lenguas sin que éstas dejen vestigios de su existencia pasada.
Justamente, con el fin de contribuir al aún incipiente debate sobre desplazamiento lingüístico en nuestra disciplina, la antropología, en el presente número de Regiones, suplemento de antropología… se han compilado varios artículos que despliegan diversas situaciones sociolingüísticas de México, Perú y Argentina, y que posibilitan iniciar una discusión acerca de esta inquietante problemática sociopolítica y académica.
El artículo que abre el número, de José Antonio Flores Farfán, nos presenta un panorama general sobre las principales discusiones en este campo de estudio enfatizando tanto en el plano académico como en el ético y político. Con ello, nos lleva a reflexionar sobre el concepto mismo de lengua y acerca de la diversidad lingüística como parte de la riqueza biocultural del planeta. Su sintética pero completa presentación es claramente ejemplificada a lo largo del artículo con algunos casos de lenguas mexicanas y del resto de América.
En el segundo texto, Ana Carolina Hecht analiza la transmisión intergeneracional de una lengua indígena de Argentina (toba) en el ámbito doméstico. A partir de su análisis comprendemos las múltiples facetas que subyacen a la socialización lingüística de los niños y, en consecuencia, podemos cuestionar la caracterización de la lengua toba como atravesando un irreversible proceso de desplazamiento por el español, y comenzar a pensarla como parte de un proceso de revitalización.
La colaboración de Manuel Moreno hace hincapié en el señalamiento de algunos factores clave que influyeron en el cambio sociocultural de la comunidad de San Jerónimo Amanalco, del México central. Desde una interesante perspectiva vincula las políticas desarrollistas del Estado mexicano con el desplazamiento lingüístico del náhuatl en dicha comunidad. En particular, revisa a la escolarización y a la construcción de carreteras como dos de las causantes principales del desuso de la lengua entre las generaciones más jóvenes.
Por otra parte, Félix Julca Guerrero nos explica en su texto el proceso de sustitución lingüística del quechua por el castellano en la zona central andina de Ancash, en Perú. Para ello, presenta una minuciosa descripción sociohistórica del proceso de contacto de la lengua quechua con el castellano. Descripción que, a su vez, nos permite entender la estabilidad y el desplazamiento de dicha lengua indígena. Finalmente, su artículo concluye con unas sugerentes reflexiones acerca de las superposiciones, préstamos y relaciones que existen entre el quechua y el castellano en dicha región peruana.
Hemos considerado importante que este número no se circunscribiera sólo a las lenguas indígenas, sino que también incluyera la discusión acerca de “otras” lenguas, las de inmigración. Así, el ensayo gráfico de Susana Skura nos muestra algunos aspectos de la circulación de la cultura y la lengua ídish en Buenos Aires a comienzos del siglo XX, a través de diversas imágenes que dan cuenta de la interacción entre el capitalismo impreso y los consumos en la cultura popular rioplatense. De este modo, y a través de la mirada de Susana Skura, logramos observar el complejo proceso de cambio por el que atravesó esta lengua en Argentina, a partir de los préstamos, la alternancia de códigos y las variaciones lingüísticas.
Finalmente, cerrando la presente edición, Patricia Dreidemie nos sorprende con una minuciosa reseña del libro Language Shift and Cultural Reproduction: Socialization, Self, and Syncretism in a Papua New Guinean Village, de Don Kulick. Dicha obra es considerada pionera en las discusiones antropológicas y lingüísticas para el abordaje del desplazamiento lingüístico intergeneracional y la progresiva pérdida de lenguas aborígenes en sus contextos socioculturales. A través de su síntesis, Patricia Dreidemie nos presenta los principales aportes teórico-metodológicos que esta obra le brinda a este complejo campo de investigación.
En síntesis, a través de las investigaciones que se despliegan a continuación, esperamos colaborar a la visibilización de la existencia de distintas lenguas, de la presencia de diversas formas de habla y de las múltiples prácticas lingüísticas características de ciertas lenguas que aparentemente atraviesan procesos de sustitución y reemplazo por otras dominantes. A su vez, las siguientes páginas también nos invitan a cuestionar y repensar algunos de los supuestos más básicos de este tipo de aproximación, tales como qué es una lengua, hasta dónde se pueden delimitar las lenguas, qué afirmamos cuando diagnosticamos la “muerte” de una lengua o qué significa hablar para cada grupo social.
Ana Carolina Hecht
Livia Roxana González Ángeles
coordinadoras de la edición